La historia que Raimundo Marqués ha querido compartir con nosotros comienza mucho antes de que Bonavista fuera el barrio que conocemos hoy.
Raimundo nació en 1955 en la Clínica Monegal de Tarragona. Por aquel entonces, su familia se alojaba en una masía de Campclar, donde convivían varias familias bajo el mismo techo. Poco después de su nacimiento, debido a una fuerte alergia y siguiendo la recomendación de los médicos, la familia se trasladó a Navarra.
Pero su madre, Primitiva Marqués, tenía una razón muy importante para continuar regresando a Tarragona.
Antes de conocer a Raimundo Valenzuela, Primitiva había sido madre soltera y había tenido a su primer hijo, Jesús. Eran otros tiempos, y las mujeres que se encontraban en aquella situación sufrían un enorme rechazo social. Jesús tuvo que permanecer en la Beneficencia de Tarragona, al cuidado de las monjas.
Primitiva nunca se resignó a perderlo. Cada viernes viajaba desde Navarra hasta Tarragona para poder verlo. Además, para conservar aquel vínculo y mantener el derecho a visitarlo, debía acudir a la Beneficencia y realizar tareas de limpieza. Durante aquellos viajes volvía a alojarse en la masía de Campclar. Y fue allí donde un día escuchó una conversación que acabaría cambiando el destino de toda la familia.
Un payés de La Canonja estaba vendiendo terrenos en una zona donde prácticamente no había nada. Solo campos, caminos de tierra y algunas parcelas. Bonavista todavía no existía como tal.
Primitiva comprendió que uno de aquellos terrenos podía significar mucho más que tener una propiedad. Podía ser la oportunidad de regresar definitivamente a Tarragona, construir un hogar y, sobre todo, estar más cerca de Jesús. El problema era que no tenían dinero suficiente. Pero eso no la detuvo.
Sin decirle nada a su marido, pidió dinero prestado a un hermano de Raimundo Valenzuela y compró una de aquellas parcelas.
Corría el año 1959.
En aquel terreno se levantaría, años después, una casa que muchos acabarían conociendo como la Casa Blanca.
Raimundo Valenzuela i Primitiva Marques
Comprar el terreno había sido solo el comienzo. Allí no había calles asfaltadas, agua corriente ni alcantarillado. Tampoco había dinero para contratar albañiles.
Así que Raimundo Valenzuela comenzó a construir la casa con sus propias manos.
Su hijo Raimundo era todavía un niño, pero recuerda perfectamente aquellos días. Mientras su padre trabajaba subido al andamio, él colocaba los cubos de cemento en fila y se los acercaba uno tras otro para evitar que tuviera que bajar continuamente.
Y hasta las piedras de la fachada tienen su propia historia. Padre e hijo recorrían los campos hasta llegar a la playa que entonces existía por la zona donde hoy se encuentra La Laboral. Allí recogían piedras y las llevaban hasta casa para utilizarlas en el revestimiento de la fachada.
No eran los únicos. Muchas familias, llegadas principalmente de Andalucía y Extremadura, estaban haciendo exactamente lo mismo: comprando pequeñas parcelas y levantando con sus propias manos el lugar donde vivirían sus hijos.
En aquellos primeros años había pocos medios, pero mucha solidaridad. Cuando una familia construía su casa, los vecinos acudían a ayudar. Cuando aquella estaba terminada, todos pasaban a colaborar con la siguiente. Así, casa a casa y vecino a vecino, fue tomando forma Bonavista.
En 1963, cuatro años después de comprar el terreno, la familia Marqués pudo entrar por fin a vivir en la Casa Blanca. Lo celebraron con una fiesta en el patio junto a familiares, amigos y algunas de aquellas personas con las que habían compartido el esfuerzo de empezar desde cero.
La Casa Blanca, el hogar que la familia levantó con sus propias manos en los primeros años de Bonavista.
Familiares y amigos reunidos en el patio de la Casa Blanca tras finalizar su construcción, en 1963.
Para Primitiva, tener una casa propia no significaba que su lucha hubiera terminado. Todavía faltaba lo más importante: recuperar a Jesús.
Junto a Raimundo Valenzuela hizo todo lo que estuvo en su mano para conseguir que pudiera abandonar la Beneficencia antes de alcanzar la mayoría de edad. Hablaron con personas relacionadas con el Ayuntamiento, realizaron gestiones y buscaron la manera de demostrar administrativamente que Jesús tenía una familia que podía hacerse cargo de él. Finalmente lo consiguieron. Jesús regresó a casa con tan solo 14 años.
Raimundo tenía entonces 10 y prácticamente no conocía a su hermano, ya que durante los años que Jesús permaneció en la Beneficencia no le habían permitido visitarlo. Su verdadero encuentro comenzó, por tanto, el día en que Jesús cruzó la puerta de la Casa Blanca. A partir de entonces empezaron a recuperar el tiempo perdido.
Jesús se adaptó rápidamente a la vida de Bonavista, hizo amigos y encontró en el fútbol una de sus grandes pasiones. Jugó en el equipo de Bonavista y muchos vecinos terminaron conociéndolo como «Roig», debido a su cabello rubio. Quienes compartieron campo con él todavía lo recuerdan como un gran futbolista.
Para Primitiva, después de tantos años, el sueño se había cumplido. Había comprado aquel terreno pensando en reunir a su familia. Habían levantado una casa prácticamente desde la nada. Y ahora, por fin, sus hijos estaban juntos bajo el mismo techo.
La Casa Blanca se fue llenando también de nuevos miembros de la familia. Desde Andalucía fueron llegando familiares de Raimundo Valenzuela: hermanos, tíos, sobrinos... Hubo una época en la que llegaron a convivir más de diez personas bajo el mismo techo. Eran años difíciles, pero si había comida para uno, se buscaba la manera de que también la hubiera para otro.
Entonces Primitiva comenzó a encontrarse mal. Los dolores persistían y finalmente acudieron al recordado doctor Ripoll, de La Canonja. El diagnóstico fue devastador: Primitiva tenía cáncer.
Para intentar tratar la enfermedad les ofrecieron dos posibilidades, Barcelona o Navarra. La familia decidió marcharse a Navarra, donde contaban con el apoyo de sus familiares. Jesús permaneció en Bonavista al cuidado de una de sus tías, mientras Raimundo Valenzuela y Raimundo acompañaron a Primitiva.
Fueron meses muy duros. Raimundo recuerda especialmente aquellas noches en las que el dolor se hacía insoportable y tenían que avisar a Marcelino, el practicante, que acudía incluso de madrugada para intentar aliviar su sufrimiento.
Hasta que llegó una fecha que Raimundo nunca podría olvidar. El 17 de mayo, el mismo día en que cumplía 13 años, perdió a su madre.
Primitiva y Raimundo Valenzuela. Una vida construida juntos entre sacrificios, trabajo y familia.
Raimundo Valenzuela tras la barra de El Bar del Profesor, uno de los establecimientos de aquellos primeros años de Bonavista.
Tras la muerte de Primitiva, Raimundo Valenzuela tuvo que continuar adelante y sacar adelante a su familia.
Con esfuerzo abrió El Bar del Profesor, un pequeño establecimiento que se convirtió en uno de los lugares de encuentro de los primeros vecinos de Bonavista.
Entre sus paredes se compartieron conversaciones, noticias, preocupaciones y buenos momentos mientras el barrio continuaba creciendo.
Con el tiempo, aquel establecimiento pasó a ser conocido como Bar Tropezón y, años después, el mismo local continuó formando parte de la vida del barrio bajo el nombre de Pub Penta.
Años después, la vida todavía reservaba una sorpresa para la familia. Raimundo Valenzuela descubrió que tenía otro hijo cuya existencia desconocía: Vitoriano.
Padre e hijo pudieron conocerse y, con el tiempo, Vitoriano también terminó formando parte de Bonavista, añadiendo un nuevo capítulo a una historia familiar marcada por separaciones, reencuentros y nuevos comienzos.
La historia de la familia Marqués no habla únicamente de una familia. Habla también de una generación. De hombres y mujeres que llegaron cuando aquí apenas había nada; que compraron terrenos, levantaron casas con sus propias manos, compartieron lo poco que tenían y ayudaron a sus vecinos cuando era necesario.
La decisión que Primitiva tomó en 1959 buscando una forma de reunir a sus hijos terminó convirtiéndose en algo mucho más grande. Aquel terreno se convirtió en un hogar. Aquel hogar, en punto de encuentro de toda una familia. Y aquella familia pasó a formar parte de la historia de un barrio que estaba naciendo.
Hoy, gracias a los recuerdos de Raimundo Marqués y a las fotografías que su familia ha conservado durante décadas, podemos poner nombres y rostros a una pequeña parte de aquellos primeros años de Bonavista.
Primitiva Marqués y Raimundo Valenzuela forman parte de esa memoria.
Y conservar su historia es también conservar la nuestra.
Raimundo Marques
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