La tarde del 20 de julio de 1970, una pequeña avioneta Piper PA-28-140 Cherokee, matrícula EC-BRU, perteneciente al Real Aero Club de Reus, sufrió una colisión en vuelo con un avión comercial que se encontraba en las proximidades del aeropuerto de Reus.
La avioneta quedó destruida y sus tres ocupantes perdieron la vida. Pero el accidente no terminó en el aire. Los restos del pequeño aparato cayeron sobre Bonavista, convirtiendo durante unos instantes la vida cotidiana del barrio en una escena difícil de olvidar.
Los fragmentos de la avioneta quedaron dispersos por distintos puntos de Bonavista. La prensa de aquellos días describió cómo partes del aparato alcanzaron viviendas y otros espacios del barrio.
Una de las escenas más impactantes tuvo lugar en una vivienda donde una vecina se encontraba realizando una tarea tan cotidiana como tender la ropa cuando parte de los restos cayó sobre la terraza.
También se relató que un niño de tres años, que se encontraba jugando, fue alcanzado por uno de los fragmentos y sufrió heridas leves.
El motor de la avioneta cayó en un corral, atravesando su cubierta y dañando una gruesa viga de madera.
Partes del aparato en una vivienda, otras al principio de la calle 22 (donde hoy está la rotonda del camí de la Partió), el motor en un corral y numerosos restos repartidos por la zona. Las fotografías publicadas posteriormente permiten hacerse una idea de lo extraordinario de aquella escena.
En la avioneta viajaban tres hombres vinculados al mundo de la aviación y al entorno del Real Aero Club de Reus.
Entre ellos se encontraba Francisco Martínez Martínez, capitán del Ejército del Aire y vinculado a la Escuela de Pilotos. Las informaciones de la época identificaron también a Jorge Tarragó Anguera y Enrique Grau Bellido entre las víctimas.
La tragedia tuvo una importante repercusión en Reus y en la provincia, como muestran las páginas de prensa que hoy se conservan.
El accidente pudo haber adquirido unas dimensiones todavía mayores.
El otro aparato implicado era un avión comercial de pasajeros que se encontraba en las proximidades del aeropuerto de Reus. A pesar de los daños sufridos tras la colisión, pudo continuar el vuelo y aterrizar en el aeropuerto.
Sus ocupantes resultaron ilesos.
Las primeras informaciones publicadas tras el accidente recogían distintas hipótesis sobre cómo se había producido la colisión, aunque en aquellos primeros momentos todavía no existía una explicación oficial definitiva.
Resulta difícil imaginar hoy aquella tarde. Vecinos en sus casas. Niños jugando en las calles. Una mujer tendiendo la ropa.
La vida cotidiana de un barrio que, de repente, quedó interrumpida por el estruendo y por la caída de los restos de una aeronave.
Han pasado más de cincuenta años, pero las fotografías y las páginas de los periódicos permiten recuperar un episodio que forma parte de la memoria de Bonavista.
Porque la historia de un barrio no está formada únicamente por sus grandes acontecimientos. También está hecha de esos sucesos que permanecieron durante décadas en el recuerdo de quienes los vivieron.
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